Vestía una combinación de estrecho pantalón carmelita a cuadros, pulóver que en algún momento había sido blanco y tenis que pedían a gritos un descanso. En la cabeza, un pañuelo tejido con hilos de colores casi imposibles de distinguir intentaba sin mucho éxito cubrir sus grises dreadlocks.
- Por favor, ¿tienen 25 kilos que me vendan ahí pa’ un completo? - me preguntó después de aproximarse a la mesa a la que me había sentado con aquel compañero de aula de la universidad a quien no veía hacía más de 10 años a recordar los viejos tiempos y a “ponernos al día”. Leer el resto de esta entrada »
Escrito por Emilio Febles Hdez