En busca de la eficiencia perdida

Mucho se ha dicho y se dice en Cuba sobre uno de los temas que el Presidente Raúl Castro, durante la más reciente sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular efectuada el pasado diciembre, describió como una de las prioridades para el año 2010. Se refería a la baja productividad que se experimenta de forma general en todo el país. Como dato ilustrativo podría decirse que aunque la economía nacional creció 1,4 por ciento en el 2009, la productividad del trabajo decreció 1,1 por ciento a causa del subempleo y del exceso de plantillas en muchos centros de la producción y los servicios.

Hablar o escribir sobre las causas de la mencionada improductividad sería bastante engorroso y no me considero en lo absoluto un experto en el tema, aunque algunas de las razones – como la falta de motivación personal y estímulo material – son más que evidentes. Sin embargo, quisiera referirme solo a un pequeño aspecto de este asunto.

Recordemos que después del triunfo revolucionario de 1959 y en diferentes períodos, con la muy buena intención de eliminar el desempleo, se abrieron plazas a lo largo y ancho de todo el país. Pero, ya lo dice el dicho: “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”; y muchas de esas plazas, al ser de utilidad casi nula – por no ser absoluto – y casi siempre estar ligadas a puestos administrativos o burocráticos, obraron en detrimento de la eficiencia.

Se ha anunciado que una de las medidas para lograr la tan ansiada y necesaria productividad es la erradicación de las plantillas excesivas.

Bien. Me parece una excelente idea que, por otra parte, despierta en mí otra interrogante: ¿Qué hacer con ese ‘exceso de plantillas’?

Hablaba hace unos días con un colega y me decía que una de las variantes para la ‘reubicación’ de todo ese personal excedente sería la creación de nuevas plazas de trabajo. Y me preguntaba yo: ¿Dónde?

Enseguida pensé en el sector de la pequeña empresa privada o lo que se conoce en Cuba como el trabajo por cuenta propia.

Sin embargo, me comentaban que, a pesar de una existente ‘flexibilidad’ no oficial, no se están concediendo licencias para ciertas actividades por cuenta propia (animadores de fiestas infantiles, payasos y magos, masajistas, alfareros,  “paladares”, fundidores, operadores de audio y video, chapistas, programadores de computación, vendedores de libros usados e instructores deportivos, en total unas 40, según la Gaceta Oficial).

Como dije antes, no me considero un experto en temas económicos, pero creo que recurrir nuevamente al ‘cuentapropismo’ y dejar a un lado ciertas restricciones absurdas – como se hizo en los 90 y ojalá que de forma definitiva –, sería un buen primer paso para lograr la productividad que todos necesitamos.

(Hace solo unos días otro amigo me envío el vínculo a una página de Internet que publica el discurso de Ignacio Agramonte y Loynaz en su investidura del grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico en 1866. Por su relación con el tema anteriormente tratado reproduzco solo algunos fragmentos que me parecieron interesantes y que realzan, aún más, la figura de quien pocos años más tarde se convertiría en uno de los más grandes y admirados próceres de la Patria.)

“(…) la administración que permite el franco desarrollo de la acción individual a la sombra de una bien entendida concentración del poder, es la más ocasionada a producir óptimos resultados, porque realiza una verdadera alianza del orden con la libertad.”

(…)

“La centralización llevada hasta cierto grado, es por decirlo así, la anulación completa del individuo, es la senda del absolutismo; la descentralización absoluta conduce a la anarquía y al desorden. Necesario es que nos coloquemos entre estos dos extremos para hallar esa bien entendida descentralización que permite florecer la libertad a la par que el orden.”

(…)

“La centralización limitada a los asuntos trascendentales y de alta importancia, aquellos que recaen, o que por sus consecuencias pueden recaer bajo el dominio de la centralización política, es indudable que es conveniente; más que conveniente, necesaria; pero es abusiva desde el momento en que, extralimitándose de la inspección y dirección que en aquellos negocios le corresponde, interviene en otros que no tienen esos caracteres.”

“La centralización no limitada convenientemente, disminuye, cuando no destruye la libertad de industria, y de aquí la disminución de la competencia entre los productores, de esta causa tan poderosa del perfeccionamiento de los productos y de su menor precio, que los pone más al alcance de los consumidores.

“La administración, requiriendo un número casi fabuloso de empleados, arranca una multitud de brazos a las artes y a la industria; y debilitando la inteligencia y la actividad, convierte al hombre en órgano de transmisión o ejecución pasiva.”

(…)

“Mientras los sueldos de los empleados son demasiado mezquinos para sostenerlos con dignidad en la posición que sus funciones demanda, obligándoles a descuidar aquella algún tanto y recargándose con otras ocupaciones, aquellos por su multitud forman una suma altamente gravosa para la sociedad.”

(…)

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One Response to En busca de la eficiencia perdida

  1. mercedes perdigon dice:

    Querido amigo…. Como siempre , puntual y objetivo. Me resulta tan preocupante que aun esten hablando de plantillas,,,,, hasta el termino es arcaico. Increible que Agramonte haya descrito sobre este topico con tanta claridad. Que pena que se esten debatiendo en algo que escucho desde que naci,,,,, y hace rato sabes?

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